Hoy se cumple 1 año desde que llegué a España y a veces me cuesta creer que llevo tanto tiempo lejos de mi casa, lejos de mi familia y también lejos de una versión mía que amaba lo que era estando en su país, dejé todo esto para cumplir ese sueño que tenía desde niña y comenzar de cero en otro continente. No ha sido fácil, pero sé que ha valido la pena.

Uno de los desafíos más profundos que viví como migrante fue —y a veces sigue siendo— la soledad. Por eso hoy, con perspectiva y emoción, quiero compartirte estos consejos que desde mi experiencia me han ayudado para sobrellevar este proceso migrante, porque si tú también estás en este camino, quiero que sepas que no estás solx.

1. Acepta que sentirte solx también forma parte del viaje

Nadie te prepara para los vacíos emocionales que aparecen cuando migras. Las primeras semanas estaba tan ocupada haciendo trámites, adaptándome e incluso sintiendo como que simplemente estaba de viaje, que la verdad «no me caía el 20» de lo que estaba pasando. Pero después, el silencio cayó con fuerza.

Extrañar no es una debilidad. Llorar en silencio tampoco. Es una señal de que estás sintiendo. La soledad no es algo que tienes que resolver de inmediato, o sentirte culpable por estarte sintiendo así, sino que es algo que se debe atravesar con paciencia y sobre todo permitirte sentir y sanar.

2. Crea rutinas que te reconecten contigo

Cuando todo es nuevo — las calles, los sabores, incluso a veces el idioma—, tener pequeñas rutinas diarias te dan una estabilidad. Algo tan simple como caminar por el mismo parque, hacerte un cafecito por las mañanas o escuchar un podcast de tu país puede ayudarte a reconectar contigo.

Esas rutinas te recuerdan que, aunque todo cambie afuera, tú sigues siendo tú. En medio de la soledad migrante, tener espacios donde te sientas segurx contigo mismx es fundamental.

3. Busca comunidad, aunque sea poquito a poquito

No tienes que hacer 10 amigos en una semana. A veces basta con una persona que te escuche sin juzgar. Puedes empezar por grupos en redes sociales, eventos culturales o actividades que te interesen. También me ayudó mucho hablar con otros migrantes; hay algo profundamente sanador en sentirte comprendidx sin tener que explicar tanto.

La soledad migrante se alivia cuando te das permiso de abrirte, aunque sea un poco. Y si no encuentras comunidad de inmediato, no te desesperes: llegará.

4. Exprésate sin filtro (aunque sea en privado)

Hay cosas que no se dicen en voz alta porque sentimos que «no deberíamos sentirnos así», sobre todo cuando “deberías estar feliz de estar aquí”. Pero la migración es compleja: puedes estar agradecidx y triste al mismo tiempo, realmente creo que nadie lo comprende hasta que lo vive.

Escribir en un diario, grabarte notas de voz o incluso llorar las veces que sean necesarias es parte del proceso. Lo importante es no quedarte con todo lo que sientes. La soledad se vuelve más pesada cuando no se expresa.

5. Recuerda por qué empezaste

En los momentos más duros, cuando te preguntas si hiciste bien en dejarlo todo, vuelve a tu motivo. ¿Qué te movió a migrar? ¿Qué soñabas? Tenerlo presente te da fuerza. No todo se da rápido, pero cada pequeño paso cuenta.

A mí me ayudó mucho hacer un tablero de visión, guardar mensajes de apoyo de mi familia y mirar fotos que me recordaran mi propósito. Ahora 1 año después me encuentro terminando un máster que siempre quise hacer, es uno de esos logros que me recuerdan que todo ha valido la pena.

Recordatorio final

Migrar transforma. Te rompe y te reconstruye. Hay días en que te preguntas si vas a poder con todo, pero no tienes que tener todas las respuestas hoy, recuerda que todo es un proceso y que poco a poco valdrá la pena ese esfuerzo que haces día a día. Si te sientes solx, quiero que sepas que no eres la única persona pasando por esto, aunque a veces lo parezca.

Te estás atreviendo a vivir algo enorme. Y eso ya es admirable. Confía y recuerda que si las cosas no salen como esperas, siempre tendrás un vuelo de regreso a casa 🙂 

Gracias por leerme. Si este texto te resonó, compártelo o escríbeme. En este camino migrante, lo que más reconforta es saberse acompañadx.


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